¿Sabes que hay pequeños gestos cotidianos, lo que llamamos coloquialmente «manías», que pueden ser indicios de que tienes obsesiones?

Las obsesiones son pensamientos repetitivos, intensos, que invaden la mente del que los padece y que vienen acompañados de una amenaza que produce miedo y, a menudo, incita a la persona a realizar conductas extrañas que quieren controlar esa amenaza: esas son las manías o compulsiones. Poner las cosas en orden cuando ya están ordenadas, limpiar lo que ya está limpio, lavarse exageradamente..., todo esto bajo cualquier justificación o pretexto, que suena lógico a la persona que lo sufre pero que no resiste una mínima revisión lógica.

Hay problemas obsesivos que pueden sobrellevarse, aunque son ciertamente incómodos para la persona y también para su entorno. Pero en su modalidad más aguda, las obsesiones pueden ser muy difíciles de soportar y llegar a distorsionar la vida cotidiana gravemente, por lo que requieren un tratamiento profesional.

Otras muchas personas no llegan a este nivel de gravedad, también presentan pensamientos persistentes, pero menos intensos. Toman la forma de preocupaciones por el futuro o de rumiaciones por el pasado. Pero, aunque son más leves que las obsesiones, estos pensamientos siguen estando bajo su esfera y también pueden convertirse en un problema, producir síntomas molestos, hacernos perder el tiempo y alterar la tranquilidad en muchas ocasiones.

Forma parte de un «estilo» de pensamiento, una manera de funcionar, que actualmente tiende a verse normal, o incluso socialmente positivo. No lo es. Tanto que es altamente aconsejable atenderlo como un problema, para limitar su extensión, para evitar que sea la base de problemas más graves o de patologías y, en todo caso, para mejorar nuestra calidad de vida.

Como en muchos casos de problemas psicológicos, la detección y tratamiento de los síntomas no suele ser suficiente. Es importante tener una ayuda para no dar por válida la idea de que el síntoma es todo. Al detenernos y mirar en un entorno adecuado, es posible ver más allá de lo aparente. En esa dirección cabe preguntarse qué necesidades de apoyo personal y social están sin atender, o si son inseguras, insuficientes... En estos casos, la mente domina hasta tal punto a la persona, que la lleva al sufrimiento o la infelicidad.