Empieza enero y, con él, la lista de propósitos. Nuevos comienzos, ganas de hacer las cosas distintas, motivación. Empiezo con fuerza… pero, siendo sinceros, sé que en unas semanas volveré a estar en el mismo punto. Me volveré a perder. Otra vez en el camino.
Y no es por falta de intención. Es porque hay algo dentro que se repite. Un patrón. Me ilusiono, me exijo, me agoto. Y en algún momento, sin darme cuenta, encuentro impedimentos para no seguir adelante con lo que me propuse. Y lo dejo. Entonces, me juzgo. Me siento mal. Y confirmo la historia interna de siempre: “no sirvo para esto”, “yo nunca lo consigo”, “¿para qué me ilusiono?”
Desde la psicología esto tiene un nombre: autosabotaje emocional. Y no es una manía ni una debilidad. Suele estar relacionado con creencias que desarrollamos anteriormente, con formas aprendidas de protegernos del fracaso, de la decepción o del miedo a superarnos. Nos ponemos trabas sin querer, porque en el fondo creemos que no lo merecemos, que no podremos, o que no servirá de nada.
Este ciclo puede ser muy frustrante. Y muchas veces lo confundimos con “pereza” o “falta de voluntad”, cuando en realidad tiene más que ver con autoexigencia extrema, con miedo al juicio o con no saber gestionarnos emocionalmente cuando algo no va como esperábamos.
En Gestalt, en lugar de empujar a conseguir metas, acompañamos a entender por qué haces lo que haces. Por qué te abandonas cuando empiezas a verte capaz. Qué te pasa cuando las cosas empiezan a funcionar. Qué emociones aparecen justo antes de dejarlo todo.
Si estás aquí leyendo esto, quizás sea porque has vuelto a sentir que empiezas con fuerza pero sabes que luego te pierdes… y no consigues tus objetivos. Contacta, vamos a ayudarte a romper ese ciclo. No para exigirte más, sino para que puedas por fin, cuidarte mejor. Desde el punto en el que estás ahora mismo.
